Día 262: Mi bicicleta (Primera parte)
Mi primera bicicleta
Mi primera bicicleta
Cuando vinieron montados los tres en una bicicleta, en mitad de la noche, pensaba que estaban locos. Acababan de robar una bicicleta y ahora se iban a matar. Iban y se chocaban con las cosas que se ponían en su camino. Hacía frío, mucho frío. La bicicleta no era robada, se la habían encontrado abandonada en un poste en mitad de la nada. Héctor cogió la bicicleta y le echó una carrera a Manuel. Manuel acababa de comprarse una bicicleta de segunda mano en el Flohmarkt y ahora iba siempre con su “espada”. Hacían tiempo mientras todos esperábamos al tranvía que nos llevaría al otro lado del río. Cuando llegó, la bicicleta se volvió a quedar abandonada, en medio del parque en medio de la noche de noviembre. Me negué. Fui, cogí la bicicleta, me la llevé a casa y la guardé en el trastero. La bicicleta estuvo allí escondida hasta febrero, cuando unos días de buen tiempo me animaron a sacarla.

No recordaba que estuviese tan rota: una rueda torcida, el manillar doblado, las dos ruedas pinchadas, la cadena oxidada… Fui con ella a hacer la compra al supermercado y vi que era imposible utilizarla. Podría arreglarla… pero sería muy caro. Todos los sábados en el Flohmarkt venden bicicletas por unos precios entre 20 y 40 €, y no me iba a gastar 50 € en arreglar una bicicleta que no es mía.

Decidí hacer un experimento sociológico: Puse la bicicleta sin candado en la puerta de mi casa y esperé a ver cuanto tiempo tardaban en robármela. Algo así como una prueba de la seguridad en las calles de Dresde y, a la vez, la mejor forma de deshacerme de ella. Cada cual que se imagine cuanto tiempo tardarían en España en robar una bicicleta sin candado. Pues pasó el tiempo y la bicicleta no se movía. Me fui de vacaciones, volví y la bicicleta seguía ahí. Seguramente sería por el mal tiempo. Llego el buen tiempo y la bicicleta que no desaparecía. Y finalmente, 3 meses y 12 días más tarde, mi bicicleta no estaba. Me la habían robado. ¡Por fin!

Conclusión: Las calles de Alemania son seguras, pero la primavera había llegado y yo necesitaba una bicicleta.
Publicado el 3 de junio de 2006