Día 212: El cartero nunca llama a la puerta
Hoy, Jueves Santo, después de comer me ha pasado algo muy extraño. Estaba escribiendo un email en mi habitación cuando ha sonado de repente el telefonillo del portal. Lo ha cogido uno de mis compañeros (yo nunca me levanto a por él porque nunca espero a nadie, si alguien va a venir a mi casa, ya estoy enterado y estoy atento para abrirle la puerta), y me ha dicho que es para mi, que era una chica española que quería hablar conmigo. La chica se llamaba Luisa. Yo no conozco a ninguna Luisa, así que he pensado que lo habría entendido mal y que sería Isa, pero… ¿por qué vendría Isa a mi casa a estas horas?, ¿querría un café?. La hemos abierto la puerta del portal y me he quedado esperando en la entrada a que subiese hasta mi casa. Cuando veo que llegan dos alemanas de unos 40 años, he pensado:
    a)      son las entradas para el mundial (llegan un mes pronto)
    b)      es la policía (desde que me detuvieron en septiembre ha pasado mucho tiempo)
    c)      mis compañeros se han equivocado y no es para mí (será esto…)

Pero me dicen:
    -         Hallo! (mientras me dan la mano)
    -         Hallo
    -         Bist du Herr González? (Me pregunta, tuteándome, que si soy el señor González, esto en Alemania no es nada normal)
    -         Ja…
    -         ¿Conoses la Biblia?
    -         ...

¡Toma! ¡Testigos de Jehová! ¡Y en español! ¿Cómo han averiguado donde vivo? ¿Quién les ha dado mi dirección? ¿El Erasmus Iniciative? ¿La universidad? ¿Alguien que me quería gastar una broma? ¿Han leído mi apellido en mi buzón? ¿Será que entre extranjeros, al estar faltos de cariño, tendrán más éxito y conseguirán más conversiones?
Sea como fuere tenía a dos alemanas explicándome en un castellano aceptable (yo las iba corrigiendo, como si fuesen mi tándem) que el paraíso está en la tierra, que lo tenemos que construir poco a poco, según manda la palabra de Jehová… Yo la he dado las gracias por venir a verme, pero la he explicado que soy católico y que no pensaba cambiarme de religión, a pesar de que ya lo habían intentado muchos compañeros suyos antes. De todas formas ellas han insistido en darme un folleto, mientras me decían…
    -         Entonces, ¿podemos venir a hablar otro día?
    -         Pero mujer… ¿para qué? Ya ves que no va a servir de mucho…
El folleto de los testigos
El folleto que me dieron.
Ya les he dado instrucciones precisas a mis compañeros para que en caso de que vuelvan las digan que no estoy, y es que me han confesado que ya habían venido otro día a verme (luego lo he recordado, el jueves pasado, cuando aún estaba enfermo, a las 8:45, mis compañeros estaban en clase y yo estaba en la cama… ¡Menos mal que no me levante a abrir!)
Publicado el 13 de abril de 2006