Día 166: Ámsterdam
Si hay un destino que atraiga más a un joven es Ámsterdam u Holanda. La promesa de la libertad que reina en la ciudad es reclamo suficiente. Ámsterdam es una ciudad bonita, atravesada por canales, y con las casas ladeadas e inclinadas por lo poco consistente que es la tierra sobre la que se asientan sus cimientos. Pero si preguntas a cualquier persona de edad menor a 30 años que te diga algo sobre Ámsterdam, la gran mayoría te hablará de porros, alguno se acordará de la prostitución legalizada en el barrio rojo, pero muy pocos te conseguirán nombrar un monumento de la ciudad.

Hemos salido de Bielefeld diez personas en dos coches alquilados a las 11 de la mañana. Si hemos salido tan tarde es porque uno de los coches tenía pinchada una rueda.
La rueda pinchada
Al llegar a Ámsterdam a las 14:00, hemos dejado el coche en un parking y hemos ido a visitar la ciudad. Lo mejor que se puede hacer en una ciudad de este estilo es perderte, recorrer sus callejones, ver a la gente. Ámsterdam está bien para perderse, pero perderse en el barrio rojo no es agradable, porque sólo hay turistas a la caza de escaparates de prostitutas y de coffee shops. En realidad, el principal reducto de libertad de Holanda, sólo es un engaño para quitar grandes cantidades de dinero a pringados, especialmente jóvenes atraídos por esa "libertad".

Bastante tarde hemos ido a comer a un Burguer King (estos tipos de restaurantes de comida rápida son alabados por bastantes filósofos, porque gracias a ellos, estés en el lugar del mundo en el que estés, siempre te puedes sentir cómodo, como en tu casa) y luego hemos ido a dar otra pequeña vuelta en busca de un coffee shop. Allí hemos tomado un café algunos y otros han comprado marihuana. No hay cosa que más me guste en este mundo que pensar, disfruto de cada una de las ideas que salen de mi cabeza, por eso no tomo nada que afecte ni a corto ni a largo plazo al funcionamiento de ella. Por eso unos cuantos nos hemos salido de ese antro lleno de la aburrida parafernalia del cannabis y nos hemos ido a conocer algunos rincones más de la ciudad. Luego nos hemos encontrado todos y hemos ido a ver el barrio rojo en su hora punta. Después hemos ido a recoger el coche del aparcamiento y hemos vuelto a Bielefeld. La vuelta ha sido todo un reto, porque he intentado ir a la velocidad adecuada para que la cuarta parte del depósito que nos quedaba llegase hasta la frontera con Alemania (a 150 kms), ya que la gasolina en Holanda esta, aun, más cara. No lo he conseguido, y muy cerca de la frontera hemos tenido que echar unos 10 litros de gasolina para llegar sin problemas.

Dos cosas que he observado en Holanda: En la radio hemos encontrado fados portugueses, lo que demuestra lo presente que está Europa. Todo el mundo habla muy bien inglés, y en las librerías de la ciudad hay más libros en Inglés que en Flamenco.
Publicado el 27 de febrero de 2006