Día 120: Regreso a Dresde
Tras un largo día de viaje, ya puedo escribir de nuevo este blog desde tierras alemanas. El viaje fue algo curioso, con algún que otro momento de tensión. Salí de Ávila en un TRD (Tren Regional Diesel), en dirección a Madrid Chamartín. Nada más pasar Villalba de Guadarrama, uno de los guiris que iban en el tren (al ser un tren que viene de Salamanca, es muy frecuentado por guiris), se pone a gritar protestando. Y no era para menos, todos los libros que tenia en una mochila en el suelo estaban empapados de agua. Algo se había roto y en todo el vagón había un centímetro de agua. Al llegar el revisor y abrir la puerta del departamento salió una pequeña olita de agua agrandada por la aceleración del tren. El guiri se puso a gritar al revisor y éste se fue corriendo a buscar la llave del armario de los controles del vagón (el guiri había unido a su causa a las tres típicas señoras mayores que protestan por todo), cuando vino y corto el agua, todos los gritos cesaron. Luego al llegar a Chamartín, cogí el cercanías de Alcalá de Henares, que pasa por Nuevos Ministerios. Para cogerlo sin pagar me colé por una puerta abierta que había en la estación y que iba los andenes de cercanías. Luego, al llegar a la estación de Nuevos Ministerios, otro momento de tensión: Para salir de los andenes de cercanías tenias que pasar por unos tornos con el ticket del tren. Pero yo no lo tenía. Intente pasar con el bono del metro pero no me dejaba, lo intente todo, y cuando tenia la intención de ir al control haciéndome el guiri despistado, vi a lo lejos un torno atascado por el que salí de la ratonera. Luego, en Metro en Barajas. Donde espere, rodeado de una familia de 12 gitanos, al resto de los que íbamos a Dresde. En un momento, incluso me tocó cuidar del pequeño de la familia, porque el papa y la mama (ambos sin acento) estaban buscando una silla adecuada a la abuela (vinieron con una silla de oficina con ruedas). Después facturamos y bla, bla, bla (todo esos rollos) y montamos en el avión. El avión salía a las 18:55, pero eran las 19:30 y no habían cerrado aun las puertas. De repente, una de las azafatas por los altavoces del avión, pregunta lo siguiente en inglés y en alemán: “¿Hay alguien en el avión que sepa polaco e inglés, polaco y alemán, o incluso hay alguien que hable polaco y español?”. Levanta la mano un tipo sentado cuatro filas más adelante. Le recogen un par de azafatas y le llevan a hablar con una familia (de polacos, supongo) que se ha equivocado de avión y se ha atrincherado en él. Al final, en lo que el tipo les convencía de que el avión a Berlín no era el adecuado para ellos, y en lo que sacaban las maletas de la bodega del avión, no despegamos hasta las 20:00. El viaje se me hizo eterno, menos mal que nos pusimos a ver fotos y lo mejor de “lo que el ojo no ve” en un ordenador portátil. Cuando llegamos a Berlín Schoenefeld alquilamos dos coches. Pedimos dos coches de gama baja, pero no les quedaba y me tocó conducir un Opel Astra.
El opel Astra
El coche
Estaba todo nevado y hacia la primaveral temperatura de -11ºC. Pero en la carretera no había ni un copo y mucho menos hielo. Llegamos a Dresde a la una y media. El regreso se había completado. La aventura continua.
Publicado el 10 de enero de 2006