Bajo del mar...
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El acero fabricado a partir de la explosión de la primera bomba atómica en 1945 contiene trazas de elementos radiactivos. Esto es debido a que en la fabricación del acero se emplea una enorme cantidad de aire que transfiere su radiactividad al acero, para construir detectores de radiactividad se necesita un acero que esté libre de esta radiación adicional. ¿De dónde se obtiene ese acero? Hasta el momento una buena parte de este material se ha obtenido de los barcos del kaiser Guillermo II.

Así es como parte de los buques de guerra alemanes de la Primera Guerra Mundial llegaron a la Luna: en 1919, la flota imperial alemana se había rendido a Gran Bretaña y se hallaba confinada en el fondeadero de la Royal Navy en Scapa Flow, al norte de Escocia. Tras varios meses de ansiosa espera, el almirante alemán, creyó que los británicos se iban a incautar de su flota, por lo que envió una señal codificada acordada de antemano y los alemanes echaron a pique todos los barcos. Pero Scapa Flow no es muy profundo (por eso se había elegido como fondeadero) y allí había cientos de miles de toneladas de acero de muy buena calidad esperando, a sólo unos metros o decenas de metros de profundidad. En los años veinte y treinta se reflotaron algunos navíos: los buzos soldaron los orificios abiertos, se instalaron gigantescas cámaras de aire y algunos de los buques medio sumergidos fueron remolcados hasta los muelles de Rossyth, en el Firth of Forth. Después de 1945, lo que quedaba cobró un valor especial. Se necesita mucho aire para fabricar acero, y todo el acero fabricado después de Hiroshima alberga algo de la radiación producida en las explosiones atómicas al aire libre; el anterior a 1945 no. Hasta ese momento, tres buques de guerra y cuatro cruceros ligeros de la que un día fue gran flota del Kaiser en Scapa Flow (y los lectores intrépidos pueden sumergirse en aquellas aguas para verlos). No existe ninguna ventaja en su utilización para usos ordinarios, ya que es mucho más barato fabricar acero nuevo, pero para monitores de radiación extremadamente sensibles como los empleados en naves espaciales, ese acero fabricado antes de la explosión de Hiroshima resulta indispensable. El equipo que la misión Apolo dejó en la Luna, así como parte de la sonda Galileo que llegó a Júpiter y hasta la sonda Pioneer que ya ha superado la órbita de Plutón y se encamina hacia las profundidades siderales, todos ellos contienen parte de la flota del Kaiser, ese acero recuperado en Scapa Flow. Dan Van Der Vat ha contado esta historia en The Grand Scuttle: The Sinking of the German Fleet at Scapa Flow in 1919.

Evidentemente, el precio de este acero es muy elevado, por ello el proyecto de recuperación de unos cien submarinos U-boat en las costas de Escocia es económicamente viable y se está estudiando su realización desde 1995.

Publicado el 14 de marzo de 2007.